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Etimología de AGUAITAME:

(derivada de la palabra Aguiata)

No nos suena nada raro esta expresión ni otras como: “Aguaiten a este” o “Aguaitame la casa mientras estoy fuera”; y, seguramente, nos llamaría la atención que nos dijeran anticuados por usar la palabra “aguaitar”.

Hay muchos eruditos sobre la materia que tienen varias versiones, pero hay dos que van a más acorde con las informaciones que yo pude recopilarar en mi investigación en la Internet sobre la etimología y que aquí sólo publicaré la que percibí más abudante y profunda sobre esta palabra muy usada en el Cibao de República Dominicana.

Los historiadores hablan de un Derecho Indiano, que es el Derecho de América española, mezcla de Derecho castellano (adaptado a las nuevas realidades) con elementos sociales indígenas, a lo que se agrega influencias de distintos orígenes, incluyendo ciertamente las construcciones jurídicas propias de estas nuevas tierras. Pero también es posible hablar de un idioma español indiano que, sobre la matriz española, recoge palabras y formas expresivas de diversas procedencias, reconstruye unas e inventa otras, dando lugar a una lengua con personalidad propia.

No podemos en estas breves líneas dar una idea plena de la complejidad cultural de esta lengua de las Indias Occidentales. Pero algunos ejemplos nos permiten atisbar en la riqueza, variedad e ingenio de este idioma americano e incluso mostrar las vicisitudes muchas veces extraordinarias que atraviesan las palabras para asentarse en un nuevo medio cultural.

En primer lugar, nos encontramos con construcciones gramaticales aparen¬temente exóticas y que, sin embargo, se enraízan en la lengua clásica. Como es sabido, en Argentina y Uruguay se utiliza la forma de “vos” como parte del habla cotidiana. Pero es menos conocido que también ella predomina en ciertos países de América Central y que en otros países americanos el “voseo” coexiste con el tuteo. En realidad, se trata de un arcaísmo readaptado. No es otra cosa que la antigua forma ceremonial de dirigirse a una persona de dignidad (“Vos habéis dicho que…”), la que ha pasado a ser en América actual más bien una forma de trato íntimo. En algunos países donde se la emplea, este cambio ha conllevado también una simplificación del verbo correspondiente. Así en Argentina se escuchará “Vos tomás” por “Vos tomáis” o “Vos podés”por “Vos podéis”, etc. Esta simplificación va acompañada de otra en el modo imperativo: frente al tuteo “¡Toma esto!”, se mantiene el imperativo del “voseo”, “¡Tomad esto!”; pero la vulgarización lleva a suprimir la “d” final, con lo que queda convertido en “¡Tomá esto!”. Es así como podemos escuchar “¡Bebé!” por “¡Bebed!” (simplemente “¡Bebe!” en el resto de América española) o “¡Vení!” por “¡Venid!”, etc.

Otra fuente de transformaciones y adquisiciones la encontramos en los idiomas indígenas. Hay una enorme cantidad de palabras recogidas por el español (en América hablamos generalmente del “castellano”) de las lenguas autóctonas. Algunas han permanecido como expresiones locales, tales como “calato” (desnudo, en Perú y Chile, proveniente del quechua), “chirisiqui”(literalmente “trasero frío”, proveniente del quechua, lo que significa desnudo en Ecuador),“huahua” (por nene, en Chile, proveniente del quechua), “cuate” (amigo, en México, proveniente del nahuatl), “poto” (trasero, en el Perú, proveniente del mochica). Otras palabras han tenido difusión por casi toda América española e incluso portuguesa, como “chacra” (granja o alquería, proveniente del quechua) o también “patata” o “papa” (del quechua) o “choclo”(maíz tierno, en Sudamérica, del quechua). Y hay algunas que han pasado a ser universales, pues han saltado incluso a otros idiomas, como “chocolate” (del nahuatl) o “maíz” (del taíno),“tomate” (el nahuatl), etc.

En otros casos, las palabras americanas son vocablos antiguos que no han sido sustituidos por equivalentes modernos, como sucedió en España. Este es el caso de “fierro” que se emplea todavía generalmente o de verbos como “apurar” (o “apurarse”) que todavía se usa comúnmente con el sentido de apremiar o de dar prisa o palabras como “caño” por surtidor de agua que no ha sido actualizada en “grifo” como corresponde a las modernas fuentes de agua en forma ganchuda, es decir, que se asemejan a un pico de loro o de grifo. Es interesante que la introducción de la palabra “grifo” sólo se ha producido en el caso del surtidor de gasolina, que por eso se conoce (cuando menos en el Perú) como tal y no como gasolinera. La utilización de estas palabras antiguas o con sentidos antiguos puede ser muy desconcertante desde el punto de vista del español que actualmente se habla en España. Por ejemplo, son absolutamente usuales frases como “¡Apúrate! No seas demorón” por “¡Date prisa! No seas tardón”; o también “Hay que llamar al gasfitero porque el caño de la tina se ha malogrado” por “Hay que llamar al fontanero porque el grifo de la bañera se ha estropeado”.

En la última frase citada, la palabra “gasfitero” (muy usada en el Perú) muestra otro procedimiento de adquisición de voces con una explicación sociológica interesante. A fines del S. XIX, la iluminación a gas de la ciudad de Lima había sido entregada en contrata a una compañía inglesa. Esta, a los obreros peruanos encargados del mantenimiento de las cañerías, los llamaba “gas-fitters”. Pronto fueron conocidos como “gasfiteros”. Pero cuando la electricidad desplazó al gas, la mayor parte de estas personas que quedaron desocupadas pasaron a convertirse en artesanos independientes, que arreglaban las tuberías de agua y desagüe de las casas. Y así, los fontaneros se quedaron con el nombre de gasfiteros hasta el día de hoy; aún cuando, dado que estas tuberías eran de plomo, se les llama también “plomeros”.

Una evolución semejante dio como resultado la palabra “huachimán” o “guachimán” para indicar el vigilante privado, el hombre de seguridad que se contrata directamente. Dado que muchas de las compañías mineras y otras eran americanas, éstas llamaban al vigilante: “watch-man”. El peso de las sonoridades populares indígenas transformó esta palabra inglesa en la que ahora se conoce y que, sin duda, mucha gente no informada cree que proviene del quechua.

Los tercios de Flandes se encargaron de aportar algunas nuevas palabras al español indiano que, sin embargo, no arraigaron en la Península. Estos soldados, en contacto con la lengua germánica en los Países Bajos, se apropiaron de algunos vocablos de la región, los que fueron incorporados al lenguaje militar. Es así como de la raíz del Alto Alemán Antiguo whata que significaba ‘ver’, se derivó la palabra del Antiguo Francés waitier, observar, ver, cumplir el papel de vigía. Nótese que de esa misma raíz derivan también dos palabras inglesas, watch, ‘observar’, y wait, ‘esperar’, así como await que significa ‘estar en un sitio aguardando con expectación'; todo lo cual tiene referencia con la labor de vigía militar a la que estaban acostumbrados los tercios. No es de extrañar que castellanizaran la expresión vinculando “aguardar” con waitier. Lo que dio como resultado “aguaitar”. Estos mismos soldados fueron más tarde enviados a América donde llegaron con su nuevo vocabulario militar germánico que pronto se vulgarizó y se civilizó. De esta manera, sin que en España haya echado raíces (quizá salvo en Cataluña), “aguaitar” se convirtió hasta nuestros días en una de las palabras más comunes del español indiano, con el significado de atisbar, ver a través de una ventana o de una puerta: “Hija, aguaita si ya llegaron los invitados”, “A ver, aguaita si el que está tocando la puerta es Juan”, “Aquí tienes los prismáticos: aguaita a las bañistas en la playa que están guapísimas”.

Un solo ejemplo más que puede interesar a los aficionados a la gastronomía. Hay palabras que España repartió en distintos escenarios y que tomaron significados emparentados pero diferentes en cada medio cultural. Una de ellas es “escabeche”, que viene del árabe sakbay y que originalmente significó un guiso de carne con vinagre. Más tarde se comprobó que esta preparación permitía conservar muy bien el pescado y se la empleó con ese propósito utilitario. Los tercios la llevaron a Flandes, donde tuvo un gran éxito y dio origen a la palabra scavech del dialecto valón: el actual obrero del sur de Bélgica es todavía muy aficionado a este plato que forma parte de su dieta habitual y que incluso lleva a la fábrica para comerlo durante el descanso de mediodía. Obviamente, el escabeche llegó también a Indias. En la costa peruana, donde hay pescado en gran cantidad, el escabeche se transformó en un plato exquisito que se prepara no para conservar el pescado (lo que no es necesario debido a su abundancia) sino para agasajar a la familia en la reunión del domingo o como plato de fondo en un simpático almuerzo de playa. Se utiliza filetes de pescado fino, muy blanco, que se remojan en leche con ajos, luego se apanan y se fríen en la sartén; y todo ello se sirve frío, en grandes fuentes, con una salsa con mucha cebolla roja y ají en tiras, acompañado de camote sancochado.

El llamado en América “castellano” —y que podemos calificar como “español indiano”— puede representar un fascinante estudio de caso sobre la evolución de las lenguas.

Cortesía de:
Fernando de Trazegnies
http://www.1de3.es

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